martes, 1 de noviembre de 2011

Don Juan, Don Juan, yo lo imploro...

El apuesto Don Juan Tenorio regresa a su Sevilla natal. Tiene una apuesta terrible con Don Luis Mejía. ¿Cuál de los dos habrá sido más aventurero, más espadachín y más conquistador? Cuando echan cuentas, parece haber empate... Ambos se proponen una última prueba, la más canallesca de todas. Don Juan, orgulloso y pendenciero, apuesta que seducirá a las dos mujeres que faltan en su lista: una novia en las vísperas de su boda y una novicia, purísima e inocente.
Apostadas van. La novia será la del propio Don Luis y la novicia Inés de Ulloa, que ha crecido en un convento esperando casarse con... Don Juan. Pero su padre lo ha presenciado todo, el compromiso queda anulado, Don Juan no es digno de un ángel como ella.
Pese a quien pese, la apuesta está en pie...
«Inés, alma de mi alma,
perpetuo imán de mi vida,
perla sin concha escondida
entre las algas del mar; 
garza que nunca del nido
tender osaste el vuelo,
el diáfano azul del cielo
para aprender a cruzar:
si es que a través de esos muros 
el mundo apenada miras,
y por el mundo suspiras
de libertad con afán,
acuérdate que al pie mismo
de esos muros que te guardan, 
para salvarte te aguardan
los brazos de tu don Juan.»

La muchacha cae en los brazos de Don Juan, pero Don Juan cae en una red más poderosa, inesperada y redentora: el candoroso amor de Inés.
Durante generaciones los españoles, en lugar de disfrazarnos de monstruos y zombis, para la Fiesta de Todos los Santos hemos escuchado en los teatros o por las calles las escenas de Don Juan Tenorio. Muchos de los versos de José Zorrilla resuenan en nuestros oídos como música familiar y forman parte de esa cadena invisible que nos une a nuestros antepasados. ¿Queréis escucharlos una vez más? Este jueves en la biblioteca. 
¡Clemente Dios, gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.
Mas es justo: quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de 
Don Juan Tenorio.




Sí, ya sé que es en blanco y negro y del año de Maricastaña, pero pocos Don Juanes como el del murciano Paco Rabal... no he podido resistir la tentación.